jueves, 10 de octubre de 2013

El humillante presente del Venezolano

Al nacer en Venezuela, ya fuese el nacido hombre o mujer, venía una carga adicional en el ADN que nos diferenciaba del resto del mundo y que hacía que nuestro cuerpo, mente y alma, tuviese una configuración especial, cargada de nobleza, solidaridad, orgullo, carisma, buen humor, inteligencia, elocuencia y esa extraña partícula de la “viveza criolla”.

Desde que eramos un simple feto, ya sabíamos las estrofas de la canción “Venezuela”, se tarareaba el “Alma Llanera”, desde allí queremos a Simón Díaz y no se daban golpecitos al vientre materno, se practicaba como tocar el cuatro o como bailar tambores…así se crecía en esos nueve meses iniciales, Antes incluso, de respirar el aire patrio y empezar a añorar el ambiente y belleza de nuestras playas, la magnificencia del Salto Ángel, la visión paradisíaca de Los Roques, el sabor a fresas con crema de la Colonia Tovar, el aroma a flores de Galipán, el frío sabroso de Mérida, el paseo a caballo en un atardecer llanero, las caminatas en los Médanos de Coro, el sabor de las empanadas de Cazón en Margarita o ese milagro bicolor representado por el encuentro de los ríos Caroní y Orinoco…

Al nacer, independientemente del nivel económico o status social, había la reunión con la familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos y arroceros varios, para compartir los “miaitos” y celebrar juntos y revueltos el nacimiento del nuevo venezolano!

El quehacer diario estaba inmerso en el estudio, el trabajo, la práctica de algún deporte y algunas actividades de sano ocio (paseos, TV, cine, etc.). No había enfrentamientos, polarizaciones, ni radicalizaciones familiares, sociales, ni de ninguna especie y era común debatir y bromear, cualquiera fuese la tendencia política de los miembros del grupo.

Lamentablemente, eso es cosa del pasado y hoy por hoy ese panorama ha sido transformado como consecuencia de la manipulación masiva del inconformismo, que de hecho lo había hacia la clase política del país, por su ineficiente desempeño, promesas incumplidas y los niveles de corrupción. Esa manipulación masiva la realizó Hugo Rafael Chávez Frías, con su MBR200, que luego mutó a Movimiento V República o MVR y posteriormente se fusionó con otros sectores izquierdosos para llegar al actual PSUV.

Este grupo se encargó de posicionar en TODAS las áreas del país, en TODAS las instituciones y en general en TODOS los entes públicos, gente con poca o nula preparación para los cargos que ocupaban, lo cual generó la debacle socio-económica que hoy padecemos. Es así como llegamos a este terrible presente, en el cual ser venezolano es sinónimo de persona humillada, vejada, pisoteada e irrespetada hasta la saciedad.

Hoy, ni usted, ni yo, ni nadie, vive seguro de nada (excepto de que puede ser su último día con vida). Mucha gente no ejerce su profesión, casi nadie genera los ingresos necesarios para vivir dignamente; es una tarea titánica comprar una vehículo, no mencionemos una casa o apartamento. Es Venezuela, un país en el cual un vehículo es más barato nuevo, que usado.

No alcanza para comprar lo que se necesita, y si acaso tiene para hacerlo, no se consigue lo que está buscando por la escasez y el profundo desabastecimiento, que el régimen insiste en negar, apostando a tapar el sol con un dedo.

La educación y la salud, jamás estuvieron tan desasistidas como ahora. Sin embargo, el régimen cree que sacando pecho con misiones absurdas y fracasadas, puede colocarle pañitos calientes a un problemas que está desahuciando a gran parte de la población, que es justamente la de menos recursos y la que más los necesita.

Las colas son ineludibles en la cotidianidad venezolana. Es inevitable la cola para surtir gasolina, cola para acceder a comprar un pollo, un kilo de arroz, un kilo de harina, un kilo de leche en polvo, un litro de aceite, incluso un paquete de papel toilet.

Cualquier trámite ante un ente público, está sujeto al humor o animosidad del funcionario de turno, lo cual nos coloca en una especie de categorización, en la que existen venezolanos de primera clase (jerarcas del régimen), de segunda clase (militares), de tercera clase (funcionarios varios) y por último de cuarta (los demás, civiles)…

Para acceder a un mínimo "pírrico" de dólares, nos vemos sometidos a cualquier cantidad de obstáculos y trabas burocráticas, mientras que para los funcionarios hay una llave abierta y sin límite. Esa instalación de capta huellas en los aeropuertos es una muestra mas del abuso de poder de un régimen que odia al resto de los venezolanos.

A todas estas, el régimen que ha recibido los mayores ingresos de la historia venezolana, que además nos ha endeudado hasta la médula, tiene el desparpajo y el caradurismo de pretender obtener una "habilitante" ...para luchar contra la corrupción? eso es más falso que un billete de 13 bolívares...lo que persiguen es hacer y deshacer a su gusto y capricho, destruyendo a los pocos que de pie y valientemente, insistimos en hacer crecer este país!

El Dios todopoderoso que conocemos desde siempre, ha sido sustituido por algunos de conciencia tarifada, por el omnipresente Dinero y el anhelado PODER.

Esto lo sabe y lo maneja todo el mundo, y es por eso que un pasaporte venezolano, otrora símbolo de orgullo patrio, de respeto y consideración internacional, ha pasado a ser motivo de desprecio, desconfianza, dudas, sospechas y sentimientos de animadversión, llegando en algunos casos extremos a Xenofobia. 

Para colmo de males, el régimen jamás es responsable de nada. Todo es culpa del Imperio, del capitalismo, del neo-liberalismo  de la oposición, de las iguanas, de las lluvias, del calor, suya o mía, pero jamás del régimen.


Todo este entorno es lo que enfrentamos, vivimos y padecemos los venezolanos hoy en día  fruto de la negligencia, ineptitud y perversión del régimen, sumado a la permisividad y pasividad de todos nosotros, como ciudadanos…y al parecer no se ve en el horizonte cercano un cambio de rumbo, por lo que prevalece el acostumbrarse a, en lugar de enfrentarse a, es por ello que afirmo, sin lugar a dudas, que este es “El humillante presente del venezolano”.